"Chaco", acerca de una serie de dibujos



El universo multifacético de esta región, extensa geográficamente y aún más extensa y profunda como espacio étnico-cultural, me ha impulsado a buscar en el arte el lugar desde donde mirar, y a la vez, hallarme y mirarnos como parte de una visión integradora de ese Chaco a veces desconocido, a veces ignorado.

La razón fundamental por la que decidí abocarme a esta tarea fue poner en el lugar del arte el complejo universo del Chaco, de múltiples imaginarios mixturados de temporalidades y espacialidades diversas.
Se trata de un conjunto de dibujos que sostienen relatos interrelacionados y sujetos a desarrollos abiertos. Trabajos que me ocuparon algo más de quince años (2001 / 2016) en el estudio y la producción gráfica que incluyen fusiones y apropiaciones de diversas técnicas del dibujo.

Para el traslado al campo visual de esa construcción y apropiación simbólica hizo falta la comprensión sensible del objeto de interpretación. De modo que para su abordaje tuve que disponer de una relación física, presencial y hasta ritual.

Mi relación física con el Chaco Salteño, especialmente con la región que se ubica entre los ríos Bermejo y Pilcomayo, se circunscribe a cuatro visitas durante mi residencia en Salta entre los años 1969 y 1979. Primero conocí Santa Victoria Este (incluyendo Misión La Paz), luego, en 1974 y 1978 Orán y Tartagal respectivamente. Desde esos lugares, y desde aquellos momentos, provienen los apuntes sobre papel que veinte años después aproveché en etapas intercaladas con otras experiencias. Me ocupa desde entonces la tarea de convertir esos apuntes en matrices visuales para su aplicación en esta serie de dibujos.


II
Un acercamiento significativo al universo chaqueño, ha sido la experiencia musicológica del repertorio indígena a través de la obra de la antropóloga y cantante Silvia Barrios. Su trabajo de recuperación del canto ancestral, registrado fonográficamente, me ha permitido ingresar a una escala de relacionamiento con expresiones claramente etnográficas. En términos formales y de contenidos ese relacionamiento ha sido una plataforma de registros para una experimentación al interior de la cultura de los hombres y mujeres del Chaco.

Otros intercambios aparecen tras la experiencia textil de Raquel Elizondo con quien, compartiendo la factura de algunas obras en hilo de chaguar, me ayudó a comprender mejor los condicionamientos técnico-materiales para diversas proposiciones en el campo visual. En 1989 Raquel Elizondo realiza un viaje de trabajo a Misión La Paz (Río Pilcomayo) con el fin de aprender y experimentar los probables usos del chaguar en su obra textil y sobre todo incursionar en el estudio de la gama cromática de las tintas vegetales. Una pequeña pero significativa serie de trabajos tejidos a su regreso influyó con fuerza en mis dibujos. Fue el inicio de la aplicación de planimetrías, matices y contrastes lumínicos de mis primeros trabajos en papel a mediados de 1999.

En algunos dibujos, tras observar y estudiar el modo ancestral de interpretación del mundo por las culturas chaqueñas, apliqué compositivamente el concepto de mundo circular, sin arriba ni abajo, pero acomodando cada figura geometrizada, como íconos pertinentes, en una interrelación a la vez mítica y descriptiva.


III
El universo social, étnico y cultural del chaco, deja ver en su exterioridad material la diversidad de fuerzas-fuentes que conllevan a una constante visualización permeable de mixturas; indígenas, criollas, exóticas, cosmopolitas. Me dije, este es el tiempo de ver y mirar desde otro lugar, el tiempo de registrar esas realidades de otro modo, y comencé a trabajar sobre una idea que persiste: el desarrollo de múltiples imágenes desde la categoría ícono. Sintéticos, geometrizados e interrelacionados en la disposición espacial.

Los íconos buscan una aproximación entre lo simbólico, popular, mítico y a la vez, su realización en una visualidad contemporánea. Es un intento de fusión para abrir una perspectiva de mixturas visibles entre las representaciones, las interpretaciones ancestrales y la creación de lenguaje visual como tarea inimpugnable del arte contemporáneo. Una relación de cercanía entre el otro o lo otro desde un lugar comprendido y atento como ritual, lejano por defecto con las categorías creador/creación. Un todo integrado y resignificado, seguramente discutible, como una alternativa descolonizadora de arte actual.

En la serie "Chaco" hay una razón explicitada y desplegada en cada trabajo a partir de registros y marcaciones actuales y es, en todo caso, sensibilizar miradas sobre un universo que pertenece a los componentes faltantes de la diversidad cultural de nuestra nacionalidad. Entiéndase este último término como la subjetividad constitutiva de la sociedad en su conjunto, a pesar de las fragmentaciones y complejidades culturales propias que resultan de un constante proceso en construcción. Por lo tanto, aunque "Chaco" no exhiba un discurso explícitamente político adquiere un carácter implícitamente político.


El imaginario del universo chaqueño no es retratado en estos dibujos. Es expuesto a través del dibujo con una visión crítica de realidades proyectadas desde reconstrucciones visuales. Signo de ello son los trabajos desarrollados compositivamente como mundos circulares para conjugar una concepción ancestral con una formulación de lenguaje contemporáneo. Si bien las que llamamos matrices visuales provienen de un mundo que nos resulta, por lo menos distante, no lo es en tanto configuración de signos, geometrizaciones y otros recursos sígnicos para una visión crítica y actualizada del objeto de interpretación.

Tal vez no alcance el mérito de ser, según Ticio Escobar, arte popular, tanto por el espacio real de ejecución, su realizador y el mito trascendente, como por las técnicas aplicadas. Sin embargo tampoco podríamos hablar de arte erudito en este conjunto de trabajos. En ellos las fusiones conducen a un diálogo constante entre todos los componentes simbólicos y etnográficos del universo chaqueño y los paradigmas del arte contemporáneo, como en Itiyuro de Silvia Barrios, donde la música y el canto ancestral se fusionan con elementos del rock. Un todo, una instancia de interpelación a las cuestiones estéticas pero también a otras aristas controversiales del campo simbólico como la construcción de sentidos.


Por otro lado, sabiendo el riesgo que significa poner en cuestión ciertas conceptuaciones modernas como el arte, algo tan alejado de la sacralidad inicial de las manifestaciones simbólicas y tan sobrevalorado como bien público y privado desde la occidentalidad, me atrevo a hacer esta propuesta amasada en los últimos quince años. Porque todo lo referido al arte de nuestros días pareciera orbitar solamente lo inmediato a nosotros mismos, esa cotidianeidad empobrecida que convierte en inútil toda probabilidad de recuperar, aunque sea por un instante, el sentido del culto, el acto propiciatorio, la simple realidad subjetiva del testimonio. Todos atributos desechados en la actualidad y solo insinuados en casos excepcionales.

Reconozco que no he sido capaz de abandonar la bidimensionalidad. Me quedé en el dibujo y a veces en la pintura y entonces me pregunto ¿cuándo podré salir a construir el culto, el verdadero tiempo y la visualidad de lo profano?, siquiera para no quedarme observando cómo transcurre el tiempo en cada imagen, para recrearme en todos los espacios inconclusos, por llenar, irracionales, todavía no expresados.

El desarrollo de este proceso de dibujos consiste en sucesivos abordajes que se inician con dos carbones sobre tela: "Un ángel sobre el Pilcomayo" y "Humo sobre el Pilcomayo". En estos trabajos se insinúan levemente el camino hacia un ciclo signado por íconos articulados en un mundo circular. Para María Cristina Rocca El juego de interrelaciones y las dependencias terrenales y sagradas se consolidan en la serie "Chaco", en los dibujos de carbones sobre tela "La noche del Uturunco", "Regreso del Uturunco a Tartagal" y "Sueño de una noche de verano en Tartagal" expresan no solo, según Rocca, el calor sofocante del Chaco Salteño aunado con la fiebre y la alucinación(…) de seres en transformación y girando en torno al jaguar, mitad pájaros y mitad hombres, cuerpos femeninos en metamorfosis, alimañas, astros , caracoles….calaveras, gallos, peces y hasta un camión minúsculo lleno de gente -conformando- un verdadero cosmos en medio del caos con una lógica interna solo discernible en la lógica del mito.


Luego vendrá una serie de trabajos al carbón sobre papel, casi la totalidad sin título, en la que el concepto ícono adquiere un nivel de abstracción mayor y sustantivo. Con una forma de componer en un espacio limitado, también circular donde, agrega Rocca, las figura ssuspendidas en el tiempo, muy cercanas entre sí, generan la energía necesaria para sostener ese universo. Para Ramiro Márquez la rotunda composición que parece girar y concentrarse en un universo circular, al mismo tiempo centrípeto y expansivo, (como si estuviera por estallar un "big-bang" de pura emoción estética, inducen a una novedosa y personal versión de antiguas cosmogonías indoamericanas, pero que interpelan al espectador en una especie de "aquí y ahora" perpetuo.

Paralelamente, como tratando de evitar la sofocación o repetición innecesaria, se plasman sobre papel los intentos más figurativos pero que mantienen un alto grado de abstraccionismo geometrizante. "Hombre pez", "Yuchán", "Mujer y Uturunco" y "Pescados" son un ejemplo de lo mencionado ya que ahondan en temas muy sensibles al universo étnico-cultural del chaco salteño como en el caso de los grafitos "Del río" de aparente carácter litográfico.


"Chaco" incluye también obras de mayor tamaño en las que se pone de manifiesto en primer lugar el carácter del dibujo como expresión autónoma de las artes visuales. Pero además se abren otras perspectivas de imágenes y tratamientos con mayor o menor abstraccionismo como "Fue pez", "Achachis" o "El verdadero Tiempo". Otros trabajos al carbón sobre madera intentan ampliar la visión del universo chaqueño con un acercamiento al mundo chamánico o animista como "Circular" y "Danza con máscaras".

Por último cabe mencionar la serie de dibujos en tiza sobre cartulina pizarra: en ellos se desatan encuadres y temas conjugados de una manera inusual pero que no escapan a ciertas matrices ya utilizadas anteriormente. Lo interesante de estos trabajos es que la nocturnidad, también reconocible en anteriores dibujos, queda transmutada de virtual en real, tanto por el material utilizado (negro pizarra) como por el sentido que adquieren las figuras, objetos y signos incorporados como imágenes fantásticas u oníricas.

Hasta aquí una breve reseña sobre un proceso de producción visual del que me siento responsable, aun sabiendo que todo lo hecho puede no ser lo que está escrito o tal vez lo real sea lo único verdadero y con derecho a duda.

 

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